Yo recuerdo a ese muchacho
cruzando Corrientes
y dejando un beso en Callao
llegando el invierno.
El mismo del cine, de la pizza,
de los piratas perfumados,
el de aquella mañana sorpresiva
y el de las tardes con canela.
Lo recuerdo despidiéndose
con un dulce y tierno beso
luego de una tarde de barcos y sirenas.
El de apasionados besos,
enojos, disgustos, mares de sentimientos,
algunas tristezas, también alegrías
y gestos muy bellos.
Yo lo recuerdo y me veo
entrelazandome en sus manos
como si de un largo vuelo
llegara un mágico beso.