Las horas se suceden a veces muchas veces
como la flecha que atraviesa el aire del campo espigado,
no las cuento, transcurren en el reloj quieto,
devienen de maravillosos y multiplicados momentos.
De qué sueño, esperanza o imaginación llegó ese encuentro?
Las palabras viajantes como barquitos de papel en el agua,
innecesarias, ante la presencia de tu mirada.
Bastaron segundos
para descubir el destello de tus ojos color miel,
miles de oraciones tejían en horas.
La primera vez que te vi, sentí la dicha de encontrarme,
me sentí reflejada en tu ser,
venía de horas de esperarte, soñarte, pensarte.
En el encuentro, la alegría de vernos nuevamente.
En las horas juntos, tu corazón con el mio.
Sólo en mi alma se sellaron
las palabras que tu boca callaba
cuando tus ojos de miel me hablaban.
Las horas eran miel, el color del amanecer,
el girasol abierto al calor del sol primaveral,
los lirios, margaritas, geranios mezclados,
al igual que el color de tus ojos adorados.
Más hermosos los veía,
más quería adentrarme con alegría,
los más dulces ojos de la tarde
que sinceramente me sonreían.
Horas… contempladas en tus ojos.
Y bastaba un instante
para enamorarme.




