viernes, 29 de junio de 2012

24 horas

Suena el despertador y no salto de la cama.
Se enciende la radio. Canciones y risas en la mañana. Claro cambiamos a Ari por el Negro Oro. Dicen pavadas. Es bueno para empezar el día con buen humor.
Suena Shakira. Y en la radio cantan. Mi cuerpo se despierta al son y al compás de la música. Bailando, girando, danzando.
Desayunar, informarse.
En dos minutos está lista mi taza humeante de leche con cacao y otras veces con café, dos tostadas arreboleras, mermelada y ya estamos.
Vestirse y decidir.
Cómo arrancó el día? La chica sexy? La femme fatal? En cinco minutos ya decidí que ponerme hoy. Listo, doy unas vueltas más. Imprescindible un buen perfume. Kenzo, Dior, depende el día.
Salgo e inmediatamente busco los auriculares, celular en mano y empieza la búsqueda de música. Ahora sí, al son de las melodías a tomar el autobús.
Viajar también es un placer.
Sigo con la música, ya habrá tiempo para las noticias del largo día. Llegar a la oficina es sinónimo de papeles, documentos más pc y lentes. 
Es mediodía.
Camino de vuelta a casa, la música me acompaña. Cocino y almuerzo tranquilamente.
Vuelvo a salir, corro hacia el transporte. A esta hora el tráfico parece ser un caos. La gente va y viene. Te cruza y atropella. Sigo con la música y llego a la oficina.
Siempre es cambiante la oficina pero me divierto. Cada día es algo nuevo.
Atardecer.
Veo caer el sol desde el piso 12,... cuántos atardeceres he visto! Al finalizar la jornada, llega la noche.
Viajo de regreso a casa, y nuevamente auriculares, tal vez suene Lenny y cante I belong to you.
Llego a casa. Descanso. Cocino. Me disperso. Tiempo libre. Hogar dulce hogar.
Y llegando la medianoche de estas 24 horas, pregunto:  qué fue de tu día? Vos, dónde estás?