domingo, 20 de noviembre de 2011

Mundos



Había una vez un mundo, un pequeño mundo. De a dos. De dos en dos.
Animales en companía, juntos, de a dos.
Los pájaros en sus nidos, con sus pichones. Los delfines en familia.
La jirafa con el señor jirafo. El chimpancé con su hembra. La elefante con su macho. Y así de dos en dos.
Cada especie con su especie, a la par, de a dos.
Todos en sus pequeños nidos, cuevas, casas, chozas, refugios, viviendo y compartiendo la empatía, el amor universal, la vida.
Es la historia de una gran barca, la barca de Noé y su buena familia, y tambien la obra de un ser de luz que los elegió individualmente para que fueran y a la vez compartieran con su par, siendo así la manera de potenciar la felicidad.
Había además otro mundo, un gran mundo, donde habían seres humanos, conviviendo. Habían llegado solos y estaban solos, intentando ser, intentando potenciarse, intentando ser felices. Simplemente intentando ser. Todos en un dulce montón pero como islas, que intentaban reunirse aisladamente.
De estos mundos, qué imagen llega y traspasa el corazón?
Había una vez una foto guardada en un corazón. Este corazoncito era un pequeño baúl de recuerdos. Atesoraba muchas cosas, algunas lindas, algunas extraordinarias, las más bellas se llamaban: sentimientos. Las más feas: tristezas.
Esa foto era toda la chispa de vibrar, sentir y saltar como loco. No era una gran foto al estilo gigantografía. Era una pequeña imagen, simple, adornada con sencillez, tenía miles de colores, sabores y en especial calor. Sí, cada vez que contemplaba la foto se sentía un dulce calor. Abrazaba. Acunaba. Sabía a canela mezclado con algún dulce. Iluminaba la mirada.
El corazoncito la abrazaba, cuidaba, le decía todo el amor que le tenía.
La foto era de una familia, construida en el amor, basada en el amor. Todos de la mano, en el afecto. Sonrientes, desbordando amor, alegría. Un hombre con todas sus facetas, una mujer con todas sus lunas y esos pequeños seres, fruto del amor. Hijos descubriendo la belleza del amor, de la vida y de la bondad a través de sus padres, pequeñas manitos y pies que bendecían tanto amor.
 Un hombre y una mujer con sus hijos descubriendo el mundo. Una familia respetandose. Esa era la foto del corazón del mundo.